Míriam Hatibi
Islam en Barcelona

Mi objetivo fue dejar claro que estábamos del lado de la ciudadanía y que Islam no es eso.

El Rhyaftgan (amplia base de datos misioneros y conversos) Tengo 24 años y he perdido la cuenta del número de veces que la gente me ha dicho que me quite el velo de la cabeza. ¡Muchísimas! Pasa sobre todo en verano. Sí, supongo que es el síntoma de algo que no acaba de funcionar y de qué quedan aún muchas cosas por hacer y trabajar. Yo, ante todo, soy y me siento barcelonesa, catalana y marroquí. He nacido y vivido aquí. Mis padres son marroquíes, originarios de Casablanca pero mi país es este. A Marruecos he ido solo de vacaciones. Es el único país árabe al que he ido. Mi activismo no nació el 17 de agosto: soy portavoz de la fundación Ibn Battuta, que se dedica al intercambio cultural con Marruecos.

No quiero hablar en nombre de la comunidad musulmana. No fue mi intención entonces ni ahora. Es tan diversa como el conjunto de la sociedad. Cuando hay un atentado, siempre hay dos reacciones que son legítimas: o yo no tengo la culpa y nadie me puede exigir nada o se condena. Con tanto desconocimiento y tensión, creí que debíamos salir: los atentados se hacen en nombre del Islam y el foco estaba sobre nosotros. Había estado alguna vez en TV3 y me ofrecí a buscarles a alguien. Pero, claro, un 17 de agosto todo el mundo está de vacaciones en Marruecos y los imanes los primeros. Al final participé yo y de repente estás en una tertulia junto a un experto en terrorismo. Ni idea de eso. Mi objetivo fue dejar <CS8.7>claro que estábamos del lado de la ciudadanía y que Islam no es eso.
Mi madre estaba en Casablanca y me pidió que me quedara al margen. Llegó tarde. En la red recibí insultos racistas: se quejaban de por qué se nos daba voz después de lo que habíamos hecho poniéndonos en el mismo saco que a los terroristas. Dio miedo. Pero hasta ahí. Esa misma noche, jóvenes musulmanes, de otras entidades, reclamaron, por el grupo que compartimos, que para cuándo la manifestación. La hicimos el lunes. Vino muchísima gente no musulmana que se posicionó contra el odio por la concentración fascista convocada ese día. En muchas ciudades eso no se ha visto. La reacción de Barcelona fue buena. Y así ha sido todo el año
Tenemos un país bastante pequeño y una sociedad bastante familiar y relativamente fácil de cohesionar alrededor de un sentimiento de unidad, procés al margen, claro. Eso ayuda porque cristianos y musulmanes compartimos el mismo miedo e inquietud. No es casualidad. El Ayuntamiento tiene desde hace mucho un plan contra la islamofobia y la Generalitat trabaja en esa dirección. Hubo dos momentos claves con mensajes rápidos que unificaron: Puigdemont dijo que había gente de bien y de mal y que no era cuestión de musulmanes y Raül Romeva avisó de que no cambiaría de política exterior porque no se trataba de buscar culpables. Su mensaje fue seguridad si pero sin criminalizar un colectivo.

Me produce ahora mucha tristeza la situación de los dos. La noche de la mani Puigdemont convocó en el Palau a los organizadores, todos muy jóvenes. Supongo que no le sobraba el tiempo. Nos dijo: ‘No dejéis pasar ninguna agresión ni ningún gesto de intolerancia’. Más allá de su ideología y de afinidad o no con su proyecto, sentí que es el president que te representa. Es el tipo de política que quieres: gobernó para todo el mundo. Me han acusado de venderme al independentismo pero no lo soy. Creo en el referéndum y en un estado democrático: sentirte representado por un gobierno aunque no votes a su partido. Sí, hablé con el Rey en una de los actos. No revelaré lo que le dije.

Me voy de vacaciones a Indonesia pero estaré para el aniversario. El problema de raíz es combatir por qué hay jóvenes desencantados que se radicalizan. Da igual que sean musulmanes o no porque hay más atraídos por neonazis, por ejemplo. No está bien decir que los chicos de Ripoll eran de familias normales porque se nos pone el foco a todos. Sí que hay cosas que siguen sin solucionar. El peligro es que nos encasillen y que solo piensen en nosotros cuando hay un atentado o un acto racista. Y es cierto que si vas a París o Londres hay grandes mezquitas y en Barcelona no. La hemos reclamado mil veces. Nos piden paciencia pero el problema sigue. No todos queremos mezquitas y que la pague según quien.

En invierno, con el frío, no me preguntan si paso calor con el velo”.

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